Mi juventud, 10 años en tierras del Mediterráneo


Carta de Amalia a sus hijos, continuación de otra que titulamos ”La vida a cambiado tanto…”

“…A la vuelta de la guerra en 1939 con 11 años, fui a escuela cuatro años con la maestra Dª Felisa. Mi mejor amigo era Enrique Yuste y los dos éramos los primeros de la clase porque nos gustaba mucho estudiar. También ayudaba en casa con la limpieza y la comida y muchos días iba a llevar el almuerzo a mis padres que estaban segando en el campo con una burrica que se llamaba Morica y que quería mucho. Pues a la vuelta la llevaba cargada con haces y un día se cayó y no se podía levantar por el mucho peso que llevaba. Me tuvieron que ayudar unos hombres que quitaron la carga antes.

Los domingos aunque era pequeñuca para eso, iba al baile con mi hermano Juan porque lloraba mucho si no me dejaban y mi padre me dejaba al final. Y mi hermano le decía a mi madre: “Me cago en crista. Siempre tengo que llevar el bulleco de la muchacha detrás”. Yo solo miraba sentada en un banco del salón porque no nos dejaban bailar. Algunos días, cuando nevaba mucho, me tenía que llevar a cuestas porque como yo era un miriñaque y me hundía hasta el culo y mi hermano renegaba pero al final me llevaba porque me quería mucho.

Yo cuando fui ya mayor, con 15 años, me bajé a Valencia pues estaba una hermana de mi madre, la tía Felicia, y me buscó una casa de los dueños de una imprenta para trajar y ya ganaba y les mandaba el dinero a mis padres.

Al año siguiente, creo que fue en 1944, después del verano unas primas hijas de mi tía Encarnación que vivían en Barcelona me buscaron un trabajo en horno de pan donde pagaban más que en Valencia. Allí además de limpiar y cuidar a los niños ayudaba a vender pan. Recuerdo que el dueño hacía pan blanco para la casa que había que esconder porque estaba prohibido y pan negro para vender.

Así estuve 2 años de octubre a mayo, pero al verano me subía a ayudar a mis padres, así fuimos recuperando. En 1944 volví a trabajar en Valencia en la casa del Marqués de Trenor hijo del Alcalde de Valencia y casado con Dª Pilar que era más o menos de mi edad. Cuando yo llegué me encargaba de la limpieza la compra y el cuidado de su hijo Tomi. Luego ayudé a la señora a parir otros dos hijos que se llamaban Rogelio y Mari Luz que me querían como a una madre porque yo los cuidaba más que la suya propia. Algunas veces si no llegaban a final de mes, la señora me mandaba a empeñar la cubertería de plata y que recuperaban al mes siguiente cuando llegaba la paga.

Un verano cuando ya estaba casada, el mayor que se llamaba Tomi venía al pueblo conmigo a pasar las vacaciones porque no quería ir con sus padres a Santander. Ya pasaron unos años en Valencia y yo salía los domingos con mis primas al cine.

Un año cuando fui en mayo al pueblo, Julián me dijo estas palabras: “Amalia no te eches novio nunca que yo tampoco me echaré novia y cuando tengamos edad tú y yo seremos novios”, yo no le hice caso, porque éramos jóvenes, pero él aunque pasaron unos años, no se le olvidó.

Bueno, en mayo como todos los años me subí al pueblo para ayudar en casa. Bueno pues Julián que dijo que lo que me había dicho antes me lo volvía a decir, que ya éramos mayores y quería que fuéramos novios. Yo le dije que lo pensaría, pero a los dos días yo me fui a por agua a la fuente y cuando vuelvo, oigo hablar en mi casa, nunca pensé que sería él. Cuando subí él estaba hablando con mis padres, cuando dijo que se iba me dice: ¿Bajas conmigo un momento? Yo bajé y le digo: “Pero tu que cara más dura tienes de hablar con mis padres, si yo no te he dicho que quiero salir contigo”

¿Sabéis lo que me contestó? “Que me quería de verdad y él no iba a ir por las calles a ver si me veía, quería subir hablar conmigo y mis padres y ellos dijeron que les parecía bien si iba con formalidad y a ellos si yo quería les parecía bien. Y así empezamos a salir.

Pero yo en Octubre me fui a Valencia como todos los años y él se quedó en el pueblo, y ya no fui hasta el verano, así que solo era ya por carta. Aún pasaron dos años y yo no subía más que en verano y el año que decidimos casarnos subí en septiembre y para octubre nos casaríamos. Yo ya pensaba vivir en el pueblo para siempre, pero luego no fue así. Vinieron años malos de cosechas y decidimos venir a trabajar a Valencia los dos en 1955.

Bueno, se me pasa pero os diré que cuando faltaban 15 días para casarnos, nos fuimos con mi hermano y la tía Enriqueta al Tremedal, pasé un día de campo con mucha gente del pueblo y forastera, pero cuando volvimos en mi puerta y era ya de noche me quiso dar un beso y yo le di un tortazo que le señale los dedos, se enfadó mucho y me dijo “ahora te subiré tus cartas y tu me das las mías”, mira si se enfadó y yo le dije “Ni tu ni nadie me toca antes de casarme”. Así fue, su primer beso me lo dio delante del cura.

Esa he sido yo.

Amalia Martín, 23 Noviembre 2001” (continuará)

Así era la vida en Noguera después de la Guerra Civil (1936-1939) para esa generación de jóvenes. Vivían para ayudar a la familia a salir de la miseria que causó la guerra.

Su ejemplo y sacrificio, ya no se valora mucho hoy en día. La “desmomoria histórica” es corriente en nuestra sociedad actual. Pero no se trata de reconocimientos jurídicos, ni de homenajes públicos, ni de reponerles nada material aunque nada de eso sobre. Se trata fundamentalmente de darles el amor, el respeto y el cuidado cotidianos que necesitan en sus últimos años de vida. Compartir con ellos nuestras vidas todo lo que sea posible.

 

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