La agricultura tradicional en Noguera

 

“En Noguera eran muy duras las faenas del campo porque hay pocos espacios llanos y la mayor parte de los cultivos se hacían en las laderas. La tierra en muy pocos lugares era suave, por el contrario, es arcillosa y árida además de poco productiva…

Labrar era un martirio en muchos casos; acarrear las mieses por los caninos estrechos y encostrados suponía un gran esfuerzo. La trilla era un poco más estimulante, quizás porque significaba el final de una difícil carrera y si el resultado era bueno, es decir, se conseguía trigo para el pan de todo el año, cebada, avena y otros para las caballerías.

En Noguera hay poca vega, pocas zonas que se puedan regar y cultivar verduras, frutas, patatas y judías, pero la mayoría de las familias tenían suficiente tierra, donde cosechaban todas estas cosas tan necesarias para alimentarse, más o menos bien, que junto a la matanza de un par de cerdos cada año, cubrían las principales necesidades alimenticias de las familias. Además, gran cantidad de hombres viajaban a Andalucía o a la Mancha a la recogida de la aceituna y como mínimo se traían el aceite para todo el año. Muchas jóvenes mozas iban a servir a Valencia, Teruel y otras ciudades durante el otoño, invierno y parte de la primavera. Al verano se venían a ayudar a las faenas de la casa, a la siega y la trilla.

Un capítulo a parte, es la historia de las ERAS del pueblo, tanto comunes coma privadas o particulares. En verano cuando se iniciaba la siega y el acarreo da las mieses de cebada, de trigo, avena y otros, se empezaban a hacer hacinas de montones de haces que paulatinamente iban cubriendo los espacios, dejando solamente la redonda para posteriormente los deshacían y extendían para trillarlos, es decir, hacerlos paja y aventar después para separar el grano.

Poco a poco se iban llenando de vida de hombres, mujeres, niñas y niños, cada uno aportando su esfuerzo para conseguir al final llenar el granero de trigo y asegurar el pan para todo al año; cebada, avena, hieros, para piensos especiales de caballerías y el ganado, tanto lanar como cabrío, así como garbanzos, lentejas y judías para consumo de las familias.

Comenzaba a finales de junio con la siega de las cebadas, todo el mes julio con el trigo, y finalmente, las avenas, empalmando con la trilla sin descanso después del acarreo de todos los haces de las cosechas. Algún año en el mes de agosto era tormentoso, y un día tras otro se repetían las tormentas no dejando trillar, e incluso en el septiembre se prolongaban, y recuerdo que un año tuvimos que trillar el día san Roque y san Miguel, que hicieron buenos días de sol y no era cuestión de esperar que pasaran las fiestas. Los haces que las espigas tocaban el suelo, el trigo se renacía y se echaba a perder. Incluso los años que hacía esa clase de tiempo, a primeros de septiembre, se iniciaba la siembra de los trigos porque la tierra estaba en las mejoras condiciones para que no se perdiera ni un grano y quedaba garantizada la mitad de la cosecha del año siguiente.

En las eras era un hervidero de gentes, que se movían de un lado para otro sin parar, desde la mañana temprano hasta entrada la noche, un día y otro incluidos los domingos, mientras no quedaban limpias de grano y paja. Sin ser de las mas altas, nosotros la teníamos en un lugar desde donde se veían casi todas las del pueblo, especialmente las comunes, donde se concentraban la mayor parte de todas ellas y cada año las familias cogían el espacio que necesitaban en el mismo lugar, respetándose escrupulosamente el espacio que correspondía a los vecinos más próximos.

El destino que tienen actualmente las eras de la comunidad es totalmente diferente. Primero construyeron el colegio para las niñas y niños con un espacio suficiente para sus juegos en los recreos; posteriormente, la fábrica para elaborar quesos con leche de cabra que dio el resultado contrario al que esperaban. Lo que sí recuerdo es que en una ocasión entramos y compramos varios quesos olvidándome unas gafas sobre el mostrador y no las recuperé, a pesar de echar un bando.

A continuación, la fábrica para la transformación de las maderas duró más tiempo; pero quedó un gran pabellón, donde se celebran gran parte de los actos populares en las fiestas, con el frontón adosado a uno de sus lados, para el juego de la pelota vasca, y los juegos infantiles a otro de los costados, muy apropiado para su entretenimiento y diversión.

La plaza de los toros ocupa una buena parte del espacio en otro de los extremos, donde en las fiestas de agosto suelen hacer una novillada y en las de san Miguel, corrida de toros con su correspondiente encierro.”

Texto de Roque Yuste

 

 

 

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