Los Carboneros


El oficio de carbonero como actividad industrial desapareció en Noguera en los años 1920, aunque siguió haciendo esporádicamente para uso propio.

Preparación

El trabajo del carbonero comienza con la poda y la tala de los árboles. Se utilizaba preferentemente madera de encina y de roble, En Noguera principalemente marojos (melojos o rebollos o Quercus Pyrenaica) abundantes en todo el término y particularmente en la Garganta donde se hacía gran actividad carbonera desde antíguo para el uso en las próximas minas de hierro. Se cortaba la madera en trozos pequeños y manejables separando los palos gordos de las taramas. Posteriormente se trasladaba hasta el enclave del horno, hornal o boliche

Organización

La colocación de la leña es muy importante. De forma manual, se colocan en primer lugar las trozas grandes, cruzadas entre sí para permitir el flujo de aire, colocando sobre ellas y de la forma más compacta posible el resto de las trozas a carbonizar. Se rellenan los huecos con los palos más menudos. Una vez apilada la leña se tapa el horno con ramas, juncos y jaras y encima tierra. Ya está todo listo para comenzar la cocción.

Carbonización

Para controlar la carbonización existe una suerte de chimeneas en la parte superior del horno, que se cubre con una chapa. Hay, además, huecos por los que entra el aire avivando la combustión. El tiempo de cocción depende del tamaño del horno y de la cantidad de leña. El carbonero controla continuamente el proceso, ya que obtener y mantener un sellado efectivo contra el aire y una buena circulación es crucial.

Enfriado y envasado

Para controlar la combustión, se van tapando sucesivamente los agujeros de respiración con parches de hierba con su pellón de barro. Cuando el carbón está hecho se tapan completamente todos los agujeros que facilitará que el horno se apague. Este proceso lo llamaban localmente “escachar el boliche”.

Luego, se extiende el carbón para facilitar que se enfríe y evitar que combustione espontáneamente, en cuyo caso se apaga con agua. Se separa el carbón de los tizones y se envasa manualmente en sacos. En una cisca se separa la carbonilla para briquetas.

Fig. A.- Picacho Fig. B.- Mandarria Fig. C.- Rodillo Fig. D.- Cardillo Fig. E.- Barnero Fig. F.- Burro Fig. G.- Tronzador Fig. H.- Hacha Fig. I.- Porra Fig. J.- Cuñas Fig. K.- Pico Fig. L.- Pala Fig. M.- Sarda Fig. N.- Criba Fig. O.- Rastrillo Fig. P.- Escalera Fig. Q.- Hoz Fig. R.- Cesto Fig. S.- Azada

Fig. 1.- Cabaña de carbonero: Cubierta de helecho y suelo de hojarasca.
Fig. 2.- Farol. Fig. 3.- Menaje de cocina: a) Barrilla o botijo; b) Puchero de porcelana (hierro esmalatado); c) Puchero de barro; d) Cazuela de barro; e) Sartén.

LOS CARBONEROS DE NOGUERA

(Texto editado del libro “La Cruz Blanquillas” de Agustín Yuste Giménez)

“El oficio de carbonero desapareció alrededor del año 20-25. Los últimos carboneros de Noguera fueron los Garrabases y los Pajaricos. Mis bisabuelos Cantincao Casas y Mariano Gimenez hicieron carbón en el Rincón después de la Garganta.

En la época el carbón de madera constituía una mercancía de valor y gran consumo. Este tipo de energía tenia necesidad de una mano de obra importante que aceptaba efectuar un trabajo penoso en condiciones difíciles por un salario de miseria.

Por vivienda, se construían una choza bien robusta con cándalos de 2 a 3 metros atados en la punta y alrededor con la peladura de sarga del río toda bien unida luego ramas de pino en su contorno, después arcilla de la umbría de la Garganta en vuelta con hojas de rebollo y cubierta con cuadrados de césped como tejas que protegían contra el frío y la lluvia. Esto los Vaqueros lo hacían todos años en el Puerto.

No tenían ninguna comodidad pero eran permeables y muy sólidas. Siempre escogían un sitio que hubiera un riachuelo para hacer la comida y sobre todo traer el agua con una pequeña reguera por si a caso la carbonera prendía fuego alrededor. Su choza, como su trabajo, estaba acondicionada y ordenada con lo esencial para una existencia solitaria.

Estos obreros trabajaban durante buen tiempo desde primavera hasta otoño, ya que en el invierno había casi un metro de nieve. Entonces se volvían al pueblo con la familia ocuparse de los animales cabras, una mula, matar el cerdo para tener provisiones para todo el año sobre todo para la siega y la trilla. Se comían las provisiones y el frito y el jamón que no vendían ya que tenian pocas tierras y no tenían bastante con la cosecha para el año.

Claro que el carbonero tenia muchos conocimientos de los procedimientos de la carbonización: escogía el sitio cortaba los árboles limpiaba todo al rededor, amontonaba los cándalos cortados con iguales tamaños, bien ordenado todo para que no se extendiera el fuego.

A veces trabajaban todo el día y una partida de la noche también les llegaban de tener 2 o 3 carboneras en marcha que en el medio había siempre la chimenea para poner cada dían un haz o una gavilla de leña y luego cerraban la puerta para que no se produciera llama vigilando dio y noche por eso si eran dos hacían a turnos.

Las tempestades eran peligrosas. Si llovía mucho que apagaba la carbonera y si la lluvia persistía de noche se podía ocasionar un desastre: la tierra muy húmeda se transformaba en barro y sofocaba la carbonización en el interior. Esto era un terrible fracaso para el carbonero. Sin cesar tienían que poner las brasas o ascuas con leña bien seca para que continua la evolución del proceso.

Las carboneras estaban construidas en forma de pirámide redondeada y recubiertas de tierra para que no saliese llama.

El indicador de un funcionamiento era el humo. El humo de la madera es blanco y el del carbón es violeta. El cambio de color indica una modificación del progreso de la combustión. Es necesario mojar la tierra en el conjunto de la carbonera para mantener constantemente su humareda con su humedad.

El fuego puede durar de 10 a 12 días para hacer una buena carbonización, luego hay la última operación enfriando bien despacio que puede durar 2 a 3 días según el volumen todo eso vigilando con la escalera.

El producto resultante tenía un gran valor y calidad; un carbón que brilla, que no ensucia, que resuena como el metal y que es tan resistente casi como la piedra.”

Agradecimientos:

A Gonzalo “El Herrero” por su colaboración en el artículo.
Ilustraciones: Euskonews

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