La vida de un pastor trashumante (Agustin Polo)


Agustín Polo Serón (el Carpanta), pastor, escribió esta poesía en 1976, cuando los pastores todavía trashumaban a tierra más cálidas en busca de pastos para su ganado en invierno.

“Les voy a contar la historia
de un pobre, humilde pastor,
que el año setenta y seis
en Gatadau invernó.

Quisiera yo redactar
sin exagerar, es claro,
la forma que pasé el tiempo
con mi ganado invernado.

Yo no hablo mal del terreno
tampoco del personal
pero el ganado está flaco
porque pasando hambre está.

Ando a revueltas de viña
almendros y brisquillares
olivares y garrofas
romeros y chaparrales.

Mi defensa está en Alerta
que embozada siempre llevo
para que no me maltrate
las ovejas y corderos.

Y un cacharro de perrun
a que siempre llevo colgand
o para untar los arbolicos
cuando pasa mi ganado.

El personal me venera
a penas dan malos tratos
pues se quedan satisfechos
de mi pesado trabajo.

Yo no reniego del clima
porque el clima no está mal
a la hierba pobrecita
no la dejan asomar.

Los tractores como hay tantos
me tienen aborrecido
pues revuelven los barbechos
de cuatro veces a cinco.

Los pajarillos apenas
dan cantos de primavera,
para emigrar de Gatadau
y marcharse pa Noguera.

Aunque abandonen un buen clima,
por el frío de la Sierra,
es preferible una loma
de tomillos bien repleta.

Que no andar entre arbolicos
con ramas que al suelo llegan
y el ganado se las come
a la perruna no empleas
porque en el suelo no encuentras
más que la mísera tierra.

Esto les puedo contar
del extremo de esta tierra
y aunque haya contado mucho
más de otro tanto me queda.

Hay quien cree que venimos
y que ganamos millones llones
pues si venimos aquí
es porque somos muy pobres.

Se nos quedan el dinero
y nos vamos con los males
harticos de trabajar
y de arbolicos guardar.

Por eso deseo decir
que es más dichoso y feliz
el que puede malvivir
sin de su casa salir.

Ya no quiero contar más
porque la historia es muy larga
y para contarla toda
tendría una semana.

Esto escribía un mañico
el día cinco de marzo
que se hallaba en Gatadau
con su ganado invernando.

El día cinco de marzo
escribí esta historia amarga
y después el día trece
me vi obligado a largarla.
Unos aires de poniente
movieron que pena daba
todo dejaban abrasado
y el ganado se renegaba
.
A las cuatro de la tarde
todos estaban tumbados
no hallaban más que tomillo
y cervero o hierba mata.

Resequidas por los aires
y sarón que no quedaba
pobrecitas no movían
por más que las llamaba.

Gracias a los olivares
que esporgaban o talaban
y con hoja de olivo
su desmayo remediaban.

Tembloroso y afligido amargo
el cielo miraba pidiendo milagro a Dios
pa ver si me remediaba.

Pusiera fin al mal aire
y mandara aguas sagradas
por ver si de esta manera
la hierbecica asomaba.

Que a lo mejor no saldrá
en toda la temporada
y van a pasar más hambre
que en un atajo, una cabra.

Por hoy suspendo la historia
si otro día he de alargarla,
que pueda decir que comen,
y están las ovejas hartas.”

Agustín Polo Serón
Noguera de Albarracín
Escrita en 1976
Publicado en Mayumea, 1986

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