Recuerdos de Mosén Cristóbal

Mosén Cristobal fue párroco en Noguera entre 1917 y 1957. Esta es su biografía, escrita por su sobrino Bernardino Cavero. Texto reeditado con motivo de la inclusión de fotografías de gran valor histórico.

Después de pensar y repensar los años pasados, y de recordar tantos y tantos hechos vividos en casa con mis padres, hermanos y tío Cristóbal; de escribir las una y mil cosas que venían a mi pensamiento; hoy me pongo a dar cumplimiento a los deseos del Sr. Manuel. Lo que he escrito son los recuerdos con referencia al pueblo. Los recuerdos estrictamente familiares quedan como recuerdo de los que los vivimos.

Domingo Cristóbal Miguel Sánchez (así se llamaba mi tío) es el mayor de cinco hermanos: Cristóbal (el sacerdote), Adoración, Juan Aurelio, María (mi madre) y Tomás. Todos ellos nacidos en Libros. Sus padres fueron: Manuel Miguel Tomás natural de Libros y Blasa Sánchez Laguía natural de Teruel. Mi tío nació en la calle San Antonio el día primero de diciembre de 1.888.

Libros (Teruel)

Lugar de la provincia de Teruel, situado sobre la margen derecha del río Turia, en el límite con el Rincón de Ademuz. Su altitud sobre el nivel del mar es de 766 m. Su distancia de Teruel 27 Km.

Los roquedales emergen y alcanzan formas caprichosas y fantasmagóricas. Se Alzan impresionantes, a veces como un desafío y otras como si trataran de proteger al pueblo que está como recostado bajo la grandeza de “Peña Rajera”.Las casas austeras, sencillas , robustas y acogedoras, se extienden al amparo de las rocas, sin temor alguno, más bien como si buscaran su protección y cobijo.

La iglesia parroquial es obra neoclásica del siglo XIX, de mampostería. Su interior está distribuido en tres naves, la central cubierta por bóveda de medio cañón con lunetos y las laterales por bóveda de arista. Tiene coro alto. La torre se alza a los pies, en el lado del Evangelio y consta de cuatro cuerpos, de mampostería, cantería y ladrillo; a la izquierda de la puerta de entrada.

Cerrando la plaza de la iglesia por el lado de la carretera, se encuentra la fuente del lugar, sitio de atardeceres encuentros de las mozas que con sus cántaros iban por agua, y de los mozos que volvían del campo para abrevar sus caballerías. Después del aseo personal, descansaban sentados en el pretil que separa el río de la carretera y allí surgían las miradas sonrientes y un tanto furtivas de unos para con otras.

Iglesia de San Juan (Libros, Teruel)

Al lado de la fuente se levanta un añejo roble, testigo de la rica historia del pueblo. Ahora recuerdo un hecho sucedido a la sombra de este árbol. Mi tío Cristóbal me contaba: “Terminado el curso en el seminario, estando de vacaciones veraniegas, un día que salí de paseo, veo a un grupo de gente que estaba escuchando a un señor. Tentado por la curiosidad me acerco, y después de un rato que permanezco a la escucha de este señor, me doy cuenta que estaba hablando de doctrinas protestantes. Tomo la palabra y estuvimos dialogando, yo por mi parte refutando las interpretaciones que hacía de algunos pasajes de la Biblia. Después de un rato, no muy largo, este señor se marchó. Yo seguí con mi paseo”. Este hecho nos da claras muestras de la capacidad dialéctica de Mosén Cristóbal.

El niño Cristóbal, según referencias familiares; mis tíos Adoración y Tomás (sus hermanos) y de algunos compañeros de estudios, estaba dotado de una notable aptitud para el estudio. A la edad requerida, y siguiendo el camino de su tío Cristóbal, ingresó en el seminario de Teruel. Los años de estudio terminaron con calificaciones notables.

Terminados los estudios, fue ordenado sacerdote La primera parroquia a la que fue enviado por el Sr. Obispo fue la del pueblo de Cella,.como vicario (sacerdote para ayudar al párroco) Allí, en los pocos años que permaneció, poco a poco fueron saliendo a relucir, las cualidades con que Dios le dotó: Abnegación, entrega, respeto, cariño, humildad, etc. Uno de los valores que durante toda su vida sobresale, por la importancia que para él tenía es: El valor de una buena amistad. De Cella recordaba a la familia de dos sacerdotes, Mosén Leoncio y Mosén Antonio. Ellos también le recordaban; pues pasados bastantes años, tuve la alegría de poderlos conocer el día en que celebré mi primera misa en Libros, el año de 1.955. La amistad seguía viva, La confianza con que se hablaban era una buena muestra de ello.

Noguera de Albarracín (Años 1940)

Noguera de Albarracín

En las estribaciones de los Montes Universales, dentro de la Serranía de Albarracín, el paisaje se torna grandioso y espectacular. En Noguera parece remansarse el tiempo, junto al río y la carretera que discurren paralelamente. Allí se respira la brisa de la altura de 1.386 m. sobre el nivel del mar.

Pasado el puerto de Noguera con una altura de 1.396, bajando “La Peñuela” al fondo del valle descansa el pueblo acogido por “Serra-Alta”, como la llaman en el pueblo, con sus 1.855 m. El casco urbano se asienta a media ladera bajando del Pairón del Carmen hasta la carretera, que con los huertos, llega hasta el río. Muchos de los edificios antiguos muestran la nobleza de la piedra que con su solidez son capaces de vencer los rigores de las temperaturas de los rigurosos inviernos.

En el pueblo, en su núcleo central, se alza la parroquia. Fue construida en el siglo XVIII. En su fachada nos da el año de 1.742.Es de mampostería, con tres naves. La central cubierta por bóveda de medio cañón y las laterales con bóveda de arista. El presbiterio está decorado con pinturas de elementos barrocos, dándonos, también la fecha de 1.776. El antepecho del coro de hechura notable es de hierro forjado. La torre-campanario, se alza a los pies en el lado de la epístola y es de mampostería y ladrillo, con dos cuerpos y de planta cuadrada.

El río Noguera funde sus aguas, después de regar la huerta del pueblo, con el río Garganta poco antes de llegar a Tramacastilla, dando vida a uno de los parajes más bellos del término municipal. Son dignos de visitar: El prado Navazo, la Pinada, el Molino, la “Peña del Castillo”; desde su cima se alcanza la visión de otras muchas alturas, que servirían a los pobladores antiguos de lugares de comunicación. En esta cima se han encontrado trozos de cerámica antigua.

Las fuentes con su agua limpia y cristalina, son muchas, tanto en el valle en que se asienta el pueblo, como en la Huerta y demás laderas de los montes que se sitúan en el término del Municipio. Entre otras podemos citar algunas: S. Sebastián, la del Hierro, el Ventanal, del Caballero y últimamente la de Mosén Cristóbal. Mi tío las conocería bastante bien, ya que era un incansable caminante. Algunas veces se llevaba la escopeta en sus largos paseos. Me contaba que: “Una vez que estaba en el monte y, era uno de los días que se había llevado la escopeta, estando detrás de unos matorrales, al moverse, alguien que estaba también por aquellos lugares, creyendo que era alguna pieza que podría cobrar, disparó e hirió a mi tío en la cabeza. El susto que se llevaría esta persona, de la que nunca me dijo el nombre, debió ser mayúsculo. Limpiada la sangre y viendo que los daños eran superficiales, todo quedó en el susto. Mi tío, como consecuencia de este incidente, quedó, no sin visión en el ojo dañado pero si bastante disminuida su capacidad de visión. Veía a las personas pero no podía precisar sus facciones. No recuerdo cual de los ojos fue el dañado. En el pueblo bastante gente ni se enteró”.

Llegaron a Noguera el joven cura y su más joven hermana, mi madre, sobre los años 1.917 o1.918. Cito estas fechas porque Esteban Serón alardeaba de ser él el primer bautizo que celebró el nuevo cura. Primero la curiosidad y después los comentarios de los “nogueranos”, que serían muchos, fueron su recibimiento. Se establecieron en la “Casa del Cura”. El temperamento abierto, jovial, y el mucho amor que ponía el joven cura en todas las cosas que hacía, sobre todo el gran respeto con el que trataba a las personas, favoreció que los admitieran poco a poco como a unos vecinos más. Mi madre conoció al joven Bernardino, que después de un, no muy largo noviazgo, se casaron como dice la nota marginal de la partida del Libro de Bautismos “Bernardino Cavero Toribio contrajo matrimonio canónico en este Parroquia con María Miguel Sánchez el quince de abril de 1.921. Testigos Santos Cavero, Agustín Lozano. Firma ilegible.

En la Casa del Cura nacimos todos los hermanos. Mi tío nos quería y disfrutaba con todos los sobrinos. Era un cura feliz. A su hermana la “idolatraba” a su cuñado lo quería como a un hermano, como él decía. Con nosotros era un chiquillo más, pues los pequeños disfrutábamos con despeinarle cuando él nos hacía cosquillas. Muchas noches, por no decir todas, él se quedaba en el comedor y la familia nos reuníamos en la cocina donde mi madre cosía y después de rezar se trataban las cosas propias de una familia: trabajos a realizar, corrección a los hijos, y otros asuntos familiares. Mi tío lo decía: La familia debe vivir “en familia” y tratar sus asuntos en familia, ¡Qué delicadeza la de mi tío!

Pasado un tiempo prudencial, el pueblo se dio cuenta de que, con cierta frecuencia, venían a casa los sacerdotes de los pueblos vecinos: Mosén Paco, Mosén Emilio, Mosén Pepe, Mosén Ventura y también, no siempre, Mosén Pascual, ya que Royuela está un poco más distante. Por cierto: El día de mi nacimiento fue uno de esos días. Nací a las siete de la mañana y como mi padre no estaba para hacer la comida, Mosén Pepe me recordaba con cierta frecuencia que él hizo de cocinero. En la comida alguno de los presentes propuso:” ¿Porqué no bautizamos al chico?”Y me bautizaron estando presentes los cinco curas.

Cuando en mi juventud estuve con mi tío una temporada, conocí a los citados sacerdotes y todos me decían lo mismo: “¡Qué lástima que tu tío, con todos los conocimientos que tiene esté encerrado en este pequeño pueblo, pudiendo estar en lugares de más responsabilidad! Cristóbal posee una gran facundia.” La Sierra al completo; todos los pueblos, sabían del “Bien decir de tu tío” pues predicó en todos los pueblos, y repetidas veces. El Cura de Noguera era conocido por toda la Sierra”.

Fotografía a de Monsen Cristobal con su tío (también sacerdote y de nombre Cristobal)

La Guerra.

Comenzó el año de 1.936. Las cosas, días tras días, iban empeorando. A mediados de agosto llegó a casa el “tío” Jesús de Torres, muy amigo de mi tío, que le dijo el porqué de su venida:” Cristóbal, vengo a buscarte para que te vengas conmigo, aquí corres peligro”. Mi tío insistió, como me refirió años después, a mi padre: “Bernardino, vente conmigo y después de que pasen estos jaleos y haya más paz volvemos”. Mi padre le contestó: ”Cristóbal, no puedo irme y dejar a tu hermana sola con los chicos. Vete tú que a mi no me va a pasar nada. No he hecho mal a nadie”. Se fueron mi tío Cristóbal y el tío Jesús. Nos quedamos en Noguera.

Entraron las tropas en el pueblo. Forzaron la puerta de la iglesia y comenzaron a sacar los “santos“ de la iglesia y los quemaban en la plaza. Después hicieron lo mismo con los altares y lo mismo con los ornamentos y todo lo que encontraban lo quemaban en la plaza. Esto yo lo estaba viendo desde el callejón de los “Anchejos”. Aunque pequeño, me gustaba enterarme de las cosas. Se libró de la quema, una capa pluvial del siglo XVII. También desapareció una hermosa custodia de oro:” La custodia es el objeto más valorado. Puedo recordar perfectamente cada detalle del que contaba la custodia ¡la había limpiado tantas veces! (Palabras de mi hermano Cristóbal).En la calle que hay detrás de la iglesia, en la parte izquierda, está colocada la placa del nombre de la calle: D. Pedro Miguel Polo, antiguo noguerano que hizo dinero en América y que a su vuelta al pueblo, hizo este regalo, según me decía mi tío. También se encuentra en el museo de la catedral de Albarracín una Cruz procesional muy antigua y que haciendo las oportunas gestiones se puede subir al pueblo para presidir el comienzo de las procesiones para las fiestas patronales. En el altar primero de la derecha y junto a la escalera que sube al coro y al campanario, me decía mi tío, que había un cuadro grande y que era de un pintor bastante bueno. ¡Todo se quemó!

En el mes de noviembre martirizaron a mis padres. Nos quedamos a vivir con la familia de mi tío Miguel, hermano mayor de mi padre, en casa de mi prima Miguela mis hermanos Cristóbal, María y yo. Mi hermano Tomás estaba en Libros atendiendo a unos familiares de mi madre que estaban enfermos. Pasado cierto tiempo, todos los que estábamos en Noguera salimos evacuados, cada uno por su sitio. De la muerte de mis padres mi tío Cristóbal se enteró por la “Cruz Roja”.

Mi tío llegó a Teruel a presentarse al Señor Obispo. Allí estuvo en el primer cerco de la ciudad de Teruel, refugiado con otros sacerdotes en el seminario. Viéndose rodeados y sin posibilidad de salir, le propusieron al Sr. Obispo Polanco:”Sr. Obispo, estando como estamos, por la noche montamos un altar detrás de la puerta del seminario, nos colocamos los sacerdotes alrededor y V. en el centro y al amanecer abrimos las puertas y si nos matan, morimos mártires”. No le pareció buena la idea al Sr, Obispo y siguieron resistiendo el asedio. Levantado el cerco, cada uno salió por su sitio.

Mi tío estuvo con los soldados del frente atendiéndolos en sus necesidades religiosas Cuando las tropas se iban acercando a Noguera, iba con los soldados de primera fila con la esperanza de encontrarnos a alguno de nosotros, sus sobrinos. ¡No pudo ser! El pueblo fue evacuado aunque algunos se escondieron y se quedaron en el pueblo. Enterado mi tío del lugar donde estaban enterrados los cuerpos de mis padres, pidió los oportunos permisos al Exmo. Gobernador de la Provincia y el día 14 de julio de 1.938 trasladó los cuerpos desde Tramacastilla a Noguera. Años más tarde me refería el “tío Celestino Morón” que fue uno de los que se quedaron en el pueblo cuando la evacuación, lo siguiente:”El día que trajeron los cuerpos de tus padres, el grupo de gente que nos quedamos en el pueblo, se reunió en el cementerio y tu tío revestido como para un entierro, habló haciendo referencia a su hermana y su cuñado, que habían dado su vida por buenas personas, por rezar en la iglesia y tener un hermano cura. Terminó con las palabras que nunca olvidaré: Ahora, ante los cuerpos martirizados de mi hermana y mi cuñado, a quien quería como un hermano, yo como hombre, sería una fiera. Como sacerdote católico perdono. No pudo seguir hablando porque lloraba y con él todos los que estábamos allí” Este PERDON lo cumplió.
¡Terminó la guerra! Mi tío fue de un sitio para otro en busca de nosotros, sus sobrinos y a donde él no podía llegar, hacía las oportunas diligencias para que otros lo hicieran. A mi encontró mi tío Joaquín, el marido Adoración la hermana de mi madre, en Carabanchel Alto (Madrid). Los sacerdotes de los pueblos vecinos comenzaron de nuevo con las reuniones en Noguera. A mi tío lo veía disfrutar con su compañía y ellos sabían que podían contar con un verdadero amigo a cualquier hora del día o de la noche.

El tiempo que pasé en Noguera, noté un profundo cambio en mi tío. Desde la guerra me repetía a mi mismo una y otra vez en mi interior, “Es mi tío pero no es mi tío”. Antes era un hombre alegre, jovial, que se reía jugando con nosotros los pequeños; la alegría le salía a borbotones; era un chiquillo con nosotros y ahora tenía silencios que duraban horas. Pensaba y rezaba mucho. En su persona se notaba un fondo de tristeza, fruto de los recuerdos de los hechos que había vivido. Se esforzaba en que no se notara esa tristeza; cosa, que dado su temperamento, conseguía. A los del pueblo y a las visitas las trataba con todo cariño, como lo había hecho siempre y como era él en realidad.

No le gustaba hablar de su persona, pero alguna vez su modestia quedaba traicionada al hablar cuando el interlocutor era de su confianza. Me dijo: “Cuando se abrió el seminario de Teruel, después de la guerra, el Sr. Obispo me llamó para que me hiciese cargo de algunas clases y bajar a vivir en Teruel. Mi contestación, después de pensar un poco en silencio, dije: En Noguera he pasado los días más felices de mi vida viviendo con mis hermanos (mis padres) y mis sobrinos. Los perdí. Ahora que el pueblo está dividido, no puedo dejarlo, los conozco y me necesitan, Me quedo en Noguera”. Se quedó hasta su muerte.

En Noguera mi tío era, para “casi” todos, él no forzaba a nadie, uno más de la familia. Se ponía alguien enfermo, avisaban al Cura para que dijera si había que llamar al médico de Bronchales, Sr. Palmeiro. Para el “matacerdo” había un presente para el Cura. Si encargaban la celebración de alguna misa y, al preguntar sobre el donativo, la contestación siempre era la misma: “Maña, lo que tú quieras”. El donativo solía ser en especie: patatas, lentejas, o cualquier otra cosa. No daba importancia al dinero lo usaba por necesidad. Vivió la pobreza evangélica. “Mi preocupación sois vosotros, ya que vuestros padres murieron por la religión y por tener un tío cura. Mi confianza está en Jesucristo” me decía. Mi tío vivió en el pueblo y para el pueblo
Por los años 1.946 – 1.947 cuando el campamento de los maquis fue atacado; tiempo después llegaron a Noguera guardias en busca de algún hombre que había sido colaboracionista, para llevárselo. Mi tío habló con los guardias y después de largo rato terminada la charla, dijo mi tío:” Si se llevan a alguno del pueblo, al primero que deben llevarse es a mi”. No se llevaron a nadie. Esto lo viví yo, ya que en aquellos días estaba en Noguera.

Su Muerte.

Estaba en el convento-colegio de Zaragoza y a punto de comenzar las clases, recibí una llamada telefónica, era el 25 de mayo de 1.957. Me anunciaban la muerte de mi tío. Llegué al pueblo a la caída de la tarde, ya que las comunicaciones entre Teruel y Zaragoza estaban así. Por cierto, que aquella tarde había caído una singular tormenta. A la mañana siguiente llegó mi hermana. Mis otros dos hermanos no pudieron llegar. Los familiares por parte de mis padres estuvieron presentes. Fue un entierro no solamente de Noguera sino de toda la Sierra. Estuvieron presentes los señores Párrocos con sus feligreses y conocidos de mi tío. Como dato puedo aportar lo siguiente:”No había salido el féretro de la iglesia, y ya estaba la cruz que abría la procesión del duelo en la pureta del cementerio. A mi tío lo enterraron en el antiguo cementerio y al lado del camino que va desde la puerta de entrada hasta el final. A los pies de los cuerpos enterrados de mis padres. Ya que esto es lo que había dejado dicho”.

Como has podido ver, aunque de manera sucinta, mi tío dejó su ciencia, que era mucha; sus años plenos de alegrías y sufrimientos: Su amor, comprensión, entrega, cercanía los fue dando sin distinción de personas. Termino con una pregunta que era y es el deseo de mi tío: Noguera, ¿Está unida como era su deseo?. Si se ha llegado a esta unión MOSEN CRISTOBAL sonreirá desde el Cielo.

Un Sobrino.

Créditos

Texto y fotos de Mosén Cristobal de Fr. Bernardino Cavero Miguel
Foto de Noguera: Archivo López Segura

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