Paseo literario por el Barranco de la Tejeda

 

Ricardo Bullón, gran amante de Noguera y su entorno natural, nos describe el paseo a la Virgen del Carmen por la carretera de Orihuela. Con un estilo literario culto y refinado a modo de cuaderno de bitácora, Ricardo nos desvela sus emociones y reflexiones al hilo del paisaje….

Esta mañana me levanto con bastante pereza, pero tengo dispuesto darle una pequeña paliza al cuerpo para que se despeje y no vale este pecado capital para impedirme realizar el proyecto que tengo para hoy.
En la puerta de casa ya me doy cuenta de que va a ser un día muy luminoso y caluroso, mas a pesar del buen cariz del día, me pongo una chaqueta ligera, pues hasta que el sol caiga de lleno por mi ruta, toda la umbría por la que he de pasar, por las mañanas resulta bastante fresca. Salgo a las siete y tardará buen rato el sol en darme en la espalda. En el corto recorrido hasta salir del pueblo, no me encuentro a nadie. La huerta hasta el puente del molino, está totalmente desierta. Unas picarazas y unos cuervos y algún pájaro por las nogueras y los pocos frutales que hay en los huertos. Los tomates ya se van coloreando y las judías y los pepinos esperan que enseguida los recojan. El agua para el riego va perdida por la acequia. Las nogueras de Lauro tienen buena cosecha este año. Paso por el molino donde tampoco hay movimiento. Ya saludaré a sus ocupantes al regreso.
Dejo la fuente Amarga, pues no es hora de echar un trago. Lo haré a la vuelta. Veo el prado de enfrente donde tantas veces nos hemos tumbado toda la familia a tomar el sol después de habernos mojado en los pequeños pozos del río, y pienso que nos queda poco tiempo para continuar haciéndolo, si las obras previstas en el cauce se llegan a realizar. No he visto ni me ha informado nadie de los proyectos de la obra, y yo, como casi todos, esperamos verla terminada y deseamos no nos enseñe exceso de hormigón. Yo quiero conservar el recuerdo del paisaje actual, y para ello lo tengo fotografiado de norte a sur y luego de sur a norte. Esperemos soluciones que respeten el paisaje y embellezcan ese rincón que ya es de por si tan bonito. Los dos barrancos por donde bajan los dos riachuelos que han de alimentar la presa, con todo su entorno, son de los espacios mas interesantes de toda la sierra.
Me meto en el barranco de la Tejeda, que no abandonaré ya hasta el final del mismo. Todo es cuesta arriba hasta después de la fuente, y subiré despacio levantando continuamente la cabeza para contemplar los laterales del barranco que se pierden en las alturas. Recuerdo a personas que tenían costumbre de venir a pasar el día en la plazoleta antes de cruzar el primer paso del río. Algunas de ellas no volverán. Y recuerdo de qué, un día yendo por ese camino con mi mujer, nos encontramos con que el pino de la entrada de esa plazuela, estaba totalmente cubierto de libélulas todas del mismo color: marrones y azul metálico. Me parece que había más que pinochas. Nunca habíamos visto tal espectáculo. Este riachuelo bordea el camino unas veces por la derecha y otras por la izquierda, y se va alimentando de nacimientos que surgen en su mismo cauce. En algunos remansos se ven nadar hermosas truchas. El agua es tan clara y fresca que no hay problema para beber de ella. Los pequeños ensanches que hay a lo largo del camino, están sirviendo hace mucho tiempo de almacenamiento de pinos que se cortaron por secos o por que los había derribado el viento y creo que allí se pudrirán, pues pasa el tiempo y nadie los retira. El barranco es estrecho y de laderas muy altas y por eso no entra el sol. En una curva sorprendo a una ardilla que se asusta y desaparece subiéndose a un pino. Baja por la pista un coche todo terreno muy madrugador, que aminora la marcha y me saludan sus ocupantes. Me dicen que soy muy madrugador. Igual le digo yo a ellos además de desearles buen viaje. En estos tiempos, los todo terrenos te salen por cualquier rincón. Antiguamente solo se encontraba uno con caballerías sueltas que pastaban a su antojo. Por ellas, en el pleno verano, el barranco se llenaba de tábanos y moscas Aun quedan hoy bastantes molestos insectos voladores.
Voy poco a poco llegando a la fuente de los Maquis. Se llama así. por que allí tuvieron su centro de operaciones en años posteriores a la guerra civil española, como en otras partes de España, un pequeño ejército de hombres luchando a su aire contra el régimen franquista. Se concentraban siempre en zonas inaccesibles, como es esta y la de Peñas Agudas, cercana a la fuente. Es posible que aquí no hubiera fuente pues en ningún mapa la he encontrado, y ellos mismos viesen humedad y escarbando les saliese el agua para su consumo diario. Por allí estuvieron una larga temporada sufriendo mucho y haciendo sufrir a los habitantes de los pueblos serranos en cuyos montes se guarecían. Después, cuando la Guardia Civil consiguió su desaparición, se hizo la instalación de la fuente -abrevadero actual.
Aquí los horizontes son más amplios y el sol luce con toda la fuerza. Hay praderas grandes en donde pastan muchas vacas de Bronchales, y por donde en otras ocasiones, he cogido muchos rebollones. Aun miro por los humedales de esos prados a ver si encuentro algún tipo de setas, y encuentro especies que no acostumbro a coger, y me alegro al verlas pues es señal de que pronto vendrán las buenas.
Un amigo, vecino del pueblo, hace mucho tiempo me recomendó que no me metiese por la Tejeda en el centro del día, pues se concentraba mucho calor y había muchos insectos. Le hice caso, y solo me meto por ella a primeras horas de la mañana y a últimas horas de la tarde. En paseos de última hora, me han acompañado amigos y familiares forasteros, que al regresar, ya con el sol bajo, volvían estremecidos de la belleza y dureza del paisaje. Estoy llegando a la fuente, y ya me pega el sol, porque el paisaje y los horizontes se han extendido y el terreno es más llano y más alto en esa zona. Son las ocho cuando llego y bebo un trago para matar el cansancio. Todo es silencio en esta hora. El murmullo del agua a lo largo del camino, es silencio. El de la fuente también lo es. Y el ligero ruido que hace el aire al atravesar las pinochas de los pinos, es igualmente silencio. Por aquí se encuentra uno con Dios.
Más arriba está la fuente del Tío Helao, y me acerco a beber un trago. Siempre que salgo de casa, dejo dicho el camino por donde voy, para que en caso de ocurrirme algo, me puedan encontrar fácilmente, por lo que inicio el regreso por el mismo sitio por donde he ido. Me gusta salir solo al campo, porque, – para andar conmigo, me bastan mis pensamientos -, que dijo D. Antonio Machado. Me han recomendado que salga con un teléfono móvil, y puede que algún día lo compre, pero dicen que en Noguera no hay cobertura, así que continuaré haciendo como hasta hoy. Y vuelvo lentamente por el mismo camino, gozando lo mismo que cuando subí. Ahora al pasar por la fuente Amarga, sí subo las escaleras para beber un trago. Desde aquí, veo que los del Molino ya están en danza. El amigo Antonio se halla atendiendo los pequeños huertos que tiene sembrados a la orilla del río junto a su casa. Charlamos un momento al encontrarnos.
En el muro que separa sus huertos del río, hay unos guindos con unos frutos bien maduros, pero difíciles de coger. En los demás huertos ya hay algunas personas atendiendo sus pequeñas cosechas. Yo llego a casa felizmente con un poco de cansancio, y me dispongo a matarlo por lo que me siento a almorzar tranquilamente.”

Ricardo Bullón

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