La maita (Fresa silvestre)

A principios de verano aparece en nuestros bosques una maravilla de la naturaleza tanto para la vista como para el paladar, la fresa silvestre (Fragaria vesca). Cuanto nos visitan gentes de otras comunidades españolas, siempre les sorprende los nombres populares que damos en la Sierra. El de la fresa silvestre es un caso extremo ya que la denominación que damos en Noguera es única, “maeta”, ya que en el resto de la Sierra se le llama maita y ésta a su vez es una voz casi exclusiva de la Sierra de Albarracín, con alguna excepción como así lo constata José Manuel Villar Pacheco, un prestigioso filólogo de Bronchales…

“La maita, o maitas, en plural, como es más frecuente escuchar, es el nombre popular con el que se conoce en la Sierra a este fruto del bosque, la fresa silvestre (Fragaria vesca). Sorprende encontrar aquí esta reliquia léxica, este extraño nombre, que apenas se halla documentado en los repertorios léxicos hispánicos. No figura esta voz en ninguna zona próxima. Solo en el castellano septentrional, en Cantabria y en La Rioja, se documentan formas cercanas. Así, maeta se registra en Enciso (en la zona meridional de La Rioja), según recoge el ALEANR2, y maíta, con distinta acentuación, en Santander (García Lomas, 1922). Se trata de una voz emparentada con la forma mayueta (‘fresa silvestre’), procedente quizá de una base prerromana extendida en otras lenguas romances, como el catalán, en que maduixa (‘fresa’) remite también a esta base. Es mayueta el nombre antiguo y dialectal de la fresa en España (aún viva hoy en Santander y en La Rioja), de la que es variante maita, al igual que las formas meta o armeita del norte peninsular, a través de la forma reducida mayeta (DCECH, s. v. mayueta y madroño)”(1).
Pues lo dicho, otra de esas reliquias del lenguaje popular de nuestra tierra chica que corre el peligro de extinguirse si no hacemos un esfuerzo de transmitirlo a las nuevas generaciones. Dicho queda.
Por cierto, si os la encontráis en la vereda de los caminos en las zonas húmedas y soleadas (sobre todo en Julio y Agosto), no dudéis en comerlas. Generalmente saben un poco más ácidas que las fresas cultivadas pero su sabor es más contundente y natural, como todo lo silvestre. ¡Deliciosas!.

Referencias 

(1) José Manuel Vilar Pacheco, Doctor en Filología
Rehalda núm. 2, Año 2005
Centro de Estudios de la Comunidad de Albarracín (CECAL)
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