La leyenda de la Moricantada

Posible aspecto del castillo-atalaya de Rodenas situado en el cerro de la Moricantada
En el s. XI, durante la Taifa de Santa María de Albarracín, el emir Abdelmelik (1045-1103), hijo de Hudayl, nombró a su hijo Yahia príncipe heredero, dándole el castillo de Arrodenes (hoy Rodenas) y el palacio de la Atalaya que estaba junto a la fortaleza.

El pueblo Rodenas, era uno de los puntos clave en la defensa del Emirato y en el vivía Lázaro, un cristiano casado con Lirana, contando como fruto del matrimonio, una hija llamada Inés, cuya hermosura era proverbial entre los vecinos del contorno. Era el viejo Lázaro, un hombre que atesoraba gran fortuna en dinares de oro que ocultaba en algún rincón de su casa.
El príncipe Yahia empezó a cortejar a la hermosa Inés, ya fuera movido por la belleza de la hija o por la riqueza del padre. El príncipe era un hombre ambicioso, poco dado al trabajo y mucho a la buena vida y a los placeres con las bellas huríes que su padre el Emir. Por eso el viejo Lázaro no creyó en las buenas intenciones de Yahia que además le pidió una dote de 100 dinares de oro para casarse con Inés, que como también estaba enamorada se quedó apenada ante la negativa del padre. Pero Lázaro era viejo y murió poco después.
Su madre Lirana sufría viendo la tristeza de su hija, pero Lázaro se murió sin revelar donde guardaba su tesoro. Solamente le había dejado a su mujer seis gallinas y un prado junto a la casa que llamaban “El Navajo”, con la promesa de que todos los días sacaría las gallinas a picotear el prado. Lirana cumplía con su tarea, hasta que un día, viendo a las gallinas picotear y escarbar la tierra, notó algo extraño que brillaba y al acercarse, se llevó la gran sorpresa pues las gallinas habían desenterrado un dinar de oro. Entonces empezó a cavar y salió una gran bolsa de piel de cabra, que contenía el tesoro que su marido había ocultado.
Lirana ofreció al príncipe los cien dinares que pedía por casarse con su hija. Yahia tomó los dineros y se llevó a Inés a la que situó en su palacio de la Atalaya. Todo parecía prometer felicidad, pero ésta nunca llegó. Al poco tiempo Yahia volvió a pedir más dinares a la suegra, para dar regalos a su hija, pero se los gastaba con sus amigos y mujeres, mientras Inés, recluida en su palacio sufría su abandono. Varias veces más el insaciable Yahia siguió pidiendo dinero, hasta que Inés agobiada por su pena, murió en la soledad. Entonces su madre para que el ambicioso príncipe no se aprovechara del dinero, lo volvió a esconder nadie sabe donde, y maldijo al hombre que no quiso aprovechar el amor de su hija a la que dejó morir en soledad.
En el año 1.103, Yahia fue proclamado Emir, pero la maldición de Lirana pesaba sobre él y en abril del año siguiente fue destronado, teniendo que abandonar la tierra en la mayor de las miserias. Desde entonces, las gentes del lugar, llamaron a la Atalaya donde estuvo recluida Inés la Moricantada.
Así lo cuenta Aragón Televisión en un reciente reportaje sobre Rodenas.
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