Los peirones de Calomarde

Mención especial merecen, como arquitectura rural, los peirones de Calomarde. Son diminutos pilares con su capillita dedicada a los Santos de la devoción popular dominante en una época determinada. Generalmente se colocaban en el cruce de caminos con intención de proteger a personas, animales y ganados que por allí transitaban, lo mismo que a las cosechas que en su demarcación habían sido sembradas. En Calomarde contamos con cuatro peirones bien definidos como son el de Santa Ana, la Virgen del Pilar la Virgen del Carmen y el de los Santos de la Piedra, san Abdón y San Senén.

Si venimos a Calomarde desde Royuela, antes de entrar en el pueblo nos encontramos a la derecha con el peirón de la Virgen del Carmen, que más bien la podemos denominar capillita del Carmen pues está construida con dos paredes laterales y otra frontal más ancha, alicatada con azulejo de color, donde, en la parte superior, se aloja la imagen pequeña rematando con un tejadillo, único en la sierra por su originalidad; está situado en el cruce de la carretera con el camino agreste de la Fuensalada que conduce al Rincón del Valle y otros parajes. A unos metros le acompaña la charca de las ranas, donde su croar monótono interrumpe el silencio de la noche. Abreva el ganado y sacian su sed los pajarillos. El día 16 de Agosto se le hace una visita por las tres Hermanas de la Caridad, que residen en el pueblo, y sus gentes acompañando el itinerario con rezos y cantos.

Jaculatoria de la abuela
A la virgen del Carmen
quiero y adoro
porque saca las almas
del purgatorio
Seguimos la carretera y antes de doblar la curva de 90 grados junto a la era de la Torre, allí, a la izquierda se yergue con esbeltez el peirón mudéjar recientemente construido en forma de torre por analogía a su situación. Tiene base de piedra y hormigón y el resto de ladrillo caravista. En la placa conmemorativa dice así: “CALOMARDE LO DEDICA A SUS HERMANAS DE LA CARIDAD. La Virgen Milagrosa”. Se inauguró el 15 de Agosto de 1995.

Pasada la cerrada curva nos encontramos con otro peirón, el de la Virgen del Pilar, teniendo como fondo una pared pétrea y rústica, construido con base de hormigón y cuerpo con ladrillo rojo caravista, rompiendo su monotonía en unos elegantes salientes y terminado en capillita blanca con la imagen grabada en azulejos y protegida con reja. Situada al iniciar el camino del cementerio, da que pensar que está allí para recibir a los difuntos y entregarles el billete para la entrada a la otra vida.

Atravesamos el pueblo contemplando sus casas con tejados a dos vertientes, con bases de piedra y paredes encaladas, dejamos el “bache” y, pasada la última casa pétrea, llamada de los “aujeros”, divisamos el peirón de Santa Ana. En la misma posición que los dos anteriores, está construido con base cuadrangular, cuerpo de tapial enlucido de yeso y pintado a la cal; culmina con su capillita alojando a la imagen de Santa Ana con su nieto Jesús y protegida con puerta de vidrio y reja, rematando con tejadillo árabe.
Jaculatorias de la abuela
Santa Ana de Dios amaba
y de todos alegría,
cuando paso por aquí
te rezo un Ave María.
Santa Ana bendita
de Dios abuelita,
toma un besito
y hasta mañanita.

Caminamos y atravesamos el puente, llamado el grande, del río Blanco por la carretera que divide en dos la huerta calormardeña; se inicia en la plaza de toros el puerto de Frías y por la izquierda tomamos la pista forestal que nos conduce a peirón de los santos San Abdón y San Senén; los llamados santos de la piedra, abogados contra las tormentas peligrosas, desde aquí vigilan toda la hoya huertana de Calomarde, situados a tal fin en el lugar estratégico por donde suelen aparecer las tormentas cargadas con el mal agüero de la piedra. Construido en la cumbrera de un caseto, tiene capilla con sus grabados en azulejo, protegidos con reja tejado árabe; su pie es posterior, de bloques de hormigón (Fig. 56).

En medio de la huerta existe un casetón para albergar en otro tiempo los animales y aperos de labranza; en la pared de piedra que mira al norte algún piadoso serrano le dejó un ventanuco al patrón de los labradores para desde aquí vigilar y proteger su hacienda, San Isidro. La imagen está grabada en azulejo. Sus ángeles ya no cogen el arado para mover la tierra porque ahora lo hacen los tractores.

Poesía de los Peirones

Peirón solitario, esperando al peregrino, al viajante, al amigo.
Peirón demolido.
Peirón humano.
Peirón aburrido.
Peirón rejuvenecido, por el sol, por las nubes, por el río.
Peirón querido.
Peirón contemplativo.
Peirón agradecido.
Peirón maltratado por el tiempo, el entorno, el enemigo.
Peirón triste.
Peirón erguido.
Peirón indiferente.
Peirón acompañado por el pájaro, por la flor, por el nido.
Peirón pasivo.
Peirón harapiento.
Peirón sufrido.
Peirón mordido por la lluvia, por el hielo, por el frío.
Peirón herido.
Peirón moribundo.
Peirón muerto.
Peirón vivo.

Colaboración

Texto: Manuel Cebollada Agudo (Calomarde)

Fotografías: NogueraNaturalmente

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