La masadas

Masaderos/Masoveros. Herederos de un hábitat y una identidad perdidos.

Las masías actuales constituyen una línea clara de continuidad de los “heredamientos” medievales; el profesor Gargallo ya sospechó que los heredamientos que acostumbran a indicar ya un tamaflo mayor que el de hereditas tradicional fueron el precedente de las actuales manso, mas o masada.

José Rodríguez Molina en su estudio sobre las tierras de Jaén hace una distinción entre heredad, parcela de reducida extensión, de heredamiento, explotaciones más extensas y diversificadas, dotadas de sus propias dehesas boyales. Un módulo que puede extrapolarse para nuestro caso.

Recientemente E. Javier Ibáñez González ha aportado la definición del modelo masía implantado en tierras del Maestrazgo, en concreto en la localidad de Mora de Rubielos:

“…se trata de un hábitat predominantemente unifamiliar, vinculado a un núcleo concentrado, sin formar una realidad político-administrativa y religiosa independiente de éste, subyace una fórmula económica en la que se prima la complementariedad agrícola, pecuaria y forestal, sin que ello impida un dominio una de las dos primeras, se trata de una unidad de explotación perfectamente integrada en el circuito económico y ajena a un esquema autártico…”

No obstante las prospecciones arqueologícas despejarán sin duda las interrogantes que ahora nos planteamos.

Podemos poner en consideración que la cronología de los heredamientos medievales podría iniciarse con la presencia musulmana en las altas tierras de la sierra, para pasar a su consolidación con la llegada de los Azagra cuando observamos una serie de donaciones a sus colaboradores a lo largo del término de Albarracín (Valtablado, Despeñadero, Villalba, Valmediano … ).

Pero es indudable que la denominación de las heredades denuncia una toponimia influenciada por el proceso repoblador y, salvo raras excepciones el sustrato musulmán queda borrado casi por completo.

Tras la conquista de Albarracín en 1284, la monarquía impulsó la repoblación y fue el propio rey Pedro 111 quien organizó la distribución del término, dividiendo el terrazgo en lotes o quiñones siguiendo, pensamos, el orden establecido previamente en época de los Azagra. La estabilidad política provoca que la población baje de los cabezos a los valles.

Por lo tanto será en el siglo XIII cuando este tipo de poblamiento se desarrolle al compás de la repoblación navarra. Una cronología muy similar al proceso que se observa en tierras del Maestrazgo, aunque hay que advertir que en tierras de Albarracín este fenómeno se consolida ya en el doscientos, mientras el siglo XIV es la época de consolidación de la red de masías en el área oriental de la actual provincia de Teruel.

Estos repartimientos del terrazgo de Albarracín, tanto durante la etapa del señorío jurisdiccional de la familia Azagra, como producto de la repoblación que siguió tras las luchas que caracterizan la conquista de Albarracín en 1284, son el antecedente inmediato de las heredades estudiadas por nosotros y origen posterior de las masías diseminadas a lo largo del término de Albarracín.

En textos del siglo XV aparecen citadas como granjas, concepto que podría hacernos pensar erróneamente en el desarrollo de un hábitat diseminado con un mayor grado de organización. No obstante el hecho de citarse como granja lo que antes era un núcleo rural o aldea nos advierte sobre una presumible fase de despoblación a mediados del siglo XV.

El vocablo mansus o mansitastuvo escaso predicamento en tierras de Albarracín, aunque paradójicamente en las vecinas tierras de Teruel este concepto, el mas, estaba generalizado. En determinadas áreas del noroeste de la Península Ibérica se implantó el caserío adaptado a una geografía más suave y una climatología más lluviosa.

Es posible que tras el siglo XIV el uso de esta acepción fuese decayendo entre quienes hablaban la lengua romance y su empleo se circunscribiese a la redacción de documentos en notarías y cancillerías. Como documentos aislados se citan duas mesadas en la heredad del Monasterio de Piedra situada en el Valle Gabriel (1344). Asimismo Jaime II autoriza a Mayor Ruiz de Lihori para transportar 100 cahíces de trigo desde su manso vocato Algarue a su residencia en Segorbe y reproducimos una cita del masadero de la heredad de Congostina (cerca de la masía del actual Perduto).

“…ltem, lo que yo tengo en mi hacienda. Primeramente tres bueyes en Congostina, una mula de albarda et una asna que tiene a medias Gil de Moscardón, masadero en Congostina, el ganado que se sigue: lanar, carneros primales veinte y tres, obejas mayores ciento et veintitrés, corderos machos treinta y tres, corderos hembras treinta y quatro, cabrones primales ocho, cabras mayores diez y ocho, et más un cabrón cogudo et chotos embras catorce…”

Los accidentes geográficos propios de una zona de montaña, así como los bajos índices de poblamiento son dos de las causas que favorecieron el desarrollo de este tipo de explotación sujeto a la dependencia jurídica y económica de la ciudad.

Las heredades adoptan la denominación del lugar que ocupan en función de la topografía del relieve, bien aprovechando la tipología plana de sus reducidos valles, de los acusados accidentes geográficos o bien influenciadas por la vegetación que allí predomina y se desarrolla.

Aunque en ocasiones dependen de las notables posibilidades agrícolas donde están situadas. Inclusive por una característica bien definida c-omo es la explotación de la sal. Sin embargo, no cabe duda que las masías o heredades, censes o mas en la terminología de Fossier, son un claro indicativo de poblamiento aislado, ya que se encuentran alejadas de los núcleos de población, a modo de cédulas unitarias de producción próxima a la autosuficiencia, abocadas a la explotación agrícola y ganadera de tipo extensivo.

Estas unidades de producción tenían un carácter centrípeto y sólamente los escasos excedentes productivos eran llevados regularmente al mercado de la ciudad. Así, pues, todos los recursos que ofrecía el territorio que delimita la heredad son destinados al consumo de los elementos, humanos sobre todo, que integran la composición de la heredad.

Existe una clara diferencia entre las masías del Maestrazgo y las situadas en la sierra de Albarracín. No difieren en gran medida en cuanto a su composición y distribución, pues aprovechaban lugares dominantes de la geografía y se situaban próximas a los cursos fluviales, como en el área de Morelia donde el mas se situa preferentemente sobre lomas, a media ladera o a pie de valle. El edificio principal se disponía hacia el sur aprovechando el desnivel de la orografía, mientras la era se situaba a la altura del primer piso.

Pero si allí estas unidades de producción y transformación estaban situadas dentro del término de los núcleos de población, para el caso de Albarracín se constata que fuera de la demarcación de las aldeas se desarrolla un tipo de hábitat, el heredamiento, la masía, que desde los inicios de la repoblación estuvieron en manos de las capas de mayor potencial militar y económico.

Podríamos explicarlo de forma diferente: estaban situadas dentro del término de la ciudad. Lógicamente no tenían ninguna vinculación jurídica con las aldeas pues sus propietarios estaban avecindados en la ciudad y disfrutaban de su especial estatus jurídico.

La baja nobleza, los caballeros, pecheros enriquecidos y la administración eclesiástica serán los tres ejes sobre los que se sustente el régimen de propiedad de estas macadas. Hasta que no se desarrolla el ejercicio del pastoreo se convierten en cotos de caza para sus señores debido a la gran variedad cinegética que abunda en los montes de Albarracín.

En otras áreas como en Segovia serán explotaciones propiedad de los labradores ricos. En zonas próximas, concretamente en el Maestrazgo, se ha apuntado un posible origen romano y andalusí.

Las amplias posibilidades que ofrecían los montes cercanos satisfacían las necesidades de leña para el fuego, proveían la madera necesaria para las construcciones (vivienda, corrales, apriscos) y pequeños utensilios domésticos.

El siguiente paso fue crear zonas vedadas reservadas para los propios ganados de la finca acreditadas con la debida autorización de la monarquía o del concejo de la ciudad (en él siglo XV ya interviene la Comunidad de aldeas) o ampliar las áreas ya existentes, lo que puede considerase el primer paso hacia la privatización de espacios hasta la fecha reservados al aprovechamiento colectivo.

El modo habitual de explotación es el contrato de arrendamiento, la medianería. Los masoveros de esta manera tenían acceso a los medios de producción y encontraban una vía que les podía proporcionar el camino hacia una mayor prosperidad. Incluso llegó a crearse una fractura social estructural entre los arrendatarios de las masías y el resto de los aldeanos. Algunas de las características de las masías del Maestrazgo las presenta Jacinto M. Porro Gutiérrez:

– División estructural pueblo-masada.
– Clases de masías: aisladas, barrio, parroquia.
– Dimensión: en torno a 10 hectáreas. Predominio del cereal de secano.
– Régimen de explotación autárquica.
– Trabajo: basado en división por sexo y edad.
– Régimen de contratación: medianería.

Frente a esta teoría José E Casabona y E. Javier Ibáñez sostienen que la masía no será, pues, una explotación autárquica y autosuficiente, sino una pieza fundamental en el engranaje económico de estas serranías turolenses durante más de medio milenio… Quizás la falta de suficientes elementos para enjuciar este supuesto en la época que nos ocupa nos impida pronunciarnos al respecto.

Estos heredamientos, como expresión habitual de los documentos, tienen un carácter vitalicio en su origen. Otros documentos adoptan otro tipo de expresiones, con alusión implícita a su carácter hereditario y a la plena facultad de disposición.

Estas heredades estaban situadas en cotas que no superan los 1.300 mts. de altitud. Rara vez superan este límite. A partir de esta altura la climatología se torna extrema, la nieve permanece en el suelo durante un largo período, las especies arbóreas propicias para el pastoreo dejan paso a grandes masas de pinos albares, por lo cual las condiciones para la presencia humana y los rebaños se presentan desafiantes. Este condicionante, la altura, determina sin duda la localización de las masías.

La acepción heredad o heredamiento hace referencia a todos los elementos integrales que la componen, no sólo materiales: vivienda, anexos, huerta, campos de secano, área de pastizal, vedados, bosque, cursos fluviales, zonas marginales, animales domésticos…, sino al núcleo humano que la habita.

En torno a las masías o heredamientos se desarrolla una actividad económica dinámica donde participan los arrendatarios junto al resto de su familia, aparceros, que se dedican durante todo el año al cuidado de los campos, a abastecerse de los recursos que les proporciona el bosque, asistidos por braceros contratados en la época de recolección. Una actividad que se incrementaba con el retorno de los rebaños por las tareas de vigilancia, de esquileo, de extracción y transformación de los productos derivados: leche, queso… Sin duda las masías ofrecían un paisaje humanizado en el entorno de la Sierra.

Es múltiple la variedad de acepciones utilizadas para denominar estos heredamientos. Es frecuente la expresión “casa de…” con carácter genérico, donde el elemento más importante que caracteriza el heredamiento, la vivienda, sirve para definir la composición integral de la heredad y por ende el antroponómico no sólo apellida el linaje sino que se incorpora e identifica al solar donde se asienta.

En ocasiones se adoptan otras variantes o deformaciones que pueden aludir a la degradación de la explotación. Del término villa se desgajan villares y casales, como ejemplos significativos de la crisis demográfica del siglo XIV; en tierras de Ávila el villar se identifica con explotaciones agrarias. En Albarracín es frecuente encontrar villarejo para designar supuestos núcleos que con anterioridad fueron poblados.

El epicentro de la organización militar del territorio localizado en la ciudad de Albarracín justifica la escasez de heredades con claras connotaciones defensivas. La frecuencia de heredades en el reino de Castilla precedidas por el combinado Torre de… no aparece de forma uniforme en tierras de Albarracín por una razón explícita: la escasa población podía ser concentrada con las masas de ganado dentro de las murallas de la ciudad en caso de conflicto militar.

Otros topónimos están relacionados con lo que comentamos: castellejo, castillejo, castellar, torrejón, en ocasiones hacen referencia a antiguas líneas defensivas, torres o muros de fortificación.

No obstante, la orografía del relieve facilita en ocasiones el establecimiento de heredades en puntos estratégicos a la entrada de valles estrechos o en puntos que dominan el itinerario de las vías de comunicación.

La elevada mortalidad de la época favorecía entre los masoveros los matrimonios en segundas nupcias. Esta situación complicaba el reparto equitativo de los bienes objeto de reparto entre los herederos. Ese es el caso de Pedro Soriano, molinero de Bronchales.
Con fecha 5 de marzo de 1486 redacta su testamento con las siguientes claúsulas. Estuvo casado con dos esposas, Sancha Pérez y Rita, ya fallecidas, esta última vecina de Bronchales. Probablemente Sancha era originaria de Moscardón según los datos apuntados en el testamento que analizamos posteriormente.

A su hija Teresa producto de su matrimonio con Sancha, casada con Pedro Soriano (aunque éste presenta el mismo nombre del testador no se corresponden como padre e hijo) le deja el molino y la casa con los derechos de aguas que había comprado al concejo de dicha aldea, con la obligación expresa de que sólo podría heredar el molino un heredero, así como las piezas de Moscardón y una que poseía en Frías, además de 200 ss. en metálico. Sus hijos Juan López y Rita, hijos de su segunda esposa, reciben cada uno 300 ss. de su parte correspondiente del molino.

Curiosamente conocemos el contenido del testamento de su esposa Sancha Pérez redactado un año antes el 11 de enero de 1485. Establece como heredero universal a su esposo Pedro Soriano, Lega a su hija Teresa la pieza de la cerrada en Moscardón y a su yerno Pedro Soriano la piel de corderina. En fecha desconocida recogió en su casa a su sobrino Perico, huérfano, a quien le entrega 15 ovejas por servicios prestados.

Del contenido de sendos testamentos deducimos varias apreciaciones:

• Mayorazgo: La última voluntad del citado molinero desvela la institución del mayorazgo sobre el molino y su patrimonio rústico para evitar la desmembración de su patrimonio. En este sentido la propia madre le entrega a su heredera las tierras de su familia ubicadas en la aldea de Moscardón.
• Lazos familiares: la familia tiene un concepto muy amplio. La situación social de marginación y desamparo
de un familiar en línea colateral, Perico el huérfano, queda diluida con la acogida en la casa de su tía.
• Movilidad geográfica: Pedro Soriano procedía de Frías y Moscardón donde hemos identificado a una familia de importante potencial ganadero, aunque desconocemos las causas que motivaron su traslado a la aldea de Bronchales. Esta situación constata el desplazamiento de miembros de una familia fuera del domicilio de los padres.
• Nos planteamos el siguiente interrogante: ¿el hecho de que Pedro Soriano arribe a Bronchales se debe a que no era el primogénito y con la asignación económica familiar compró al concejo de Bronchales el molino y los derechos de aguas para poder instalarse y crear una familia nueva?. Esta explicación la planteamos porque él mismo en el testamento expresa su voluntad de que el molino sea heredado por uno solo de los vástagos para evitar que el patrimonio familiar se desmembre.
• Religiosidad: establece una limosna por la cual se debían realizar cánticos frente a su molino cuando volvía la procesión de San Cristobal (que todavía se realiza en la actualidad el primer domingo de julio-. A su vez ordena que se elaboren tortas con una fanega de harina procedente de su molino para entregar en la fuente El Canto a los romeros que iban en procesión a Nuestra Señora la Vieja del Alto de Orihuela (se identifica actualmente con la ermita del Tremedal-.
• Vinculación ganadera. El hecho de la entrega de un pequeño hato a su sobrino Perico así lo constata. Domingo Soriano vendió una partida de ganado el 19 de agosto de 1419 valorada en 370 florines. Y al año siguiente fue interceptado en tierras de Teruel con un rebaño de 940 reses de ovino.
• Miembro de la oligarquía concejil. Fue jurado y regidor del concejo de la aldea de Bronchales, así como regidor y procurador general de la Comunidad de aldeas.

Se observa claramente como la reglamentación foral protege los derechos de la institución de la familia. Estos rasgos de igualdad se expresan con nitidez: “Que el padre non dé más a un fijo que a otro”. Si por el contrario moría sin descendencia heredan los parientes más cercanos que vivan dentro de los límites del término de Albarracín.

Cuando no aparecen descendientes o parientes y el finado no ha dejado testamento, sus vecinos de barrio, su propia comunidad vecinal, tiene derecho a 1/5 de su hacienda. Caracteres que desvelan el proteccionismo y cohesión de las relaciones personales en los siglos bajomedievales. Un ejemplo significativo, el acuerdo realizado el 11 de septiembre de 1456 por los hijos de Sancho Sánchez (Alvaro Fernández, Sancho Sánchez, menor, y Juan Sánchez) para asegurar a su padre “en estrema senetut e vexeda”la cantidad de 20 fanegas de trigo para su subsistencia.

No obstante, la transmisión del patrimonio personal a sus herederos legítimos no está exenta de trabas jurídicas. Las obligaciones no prescriben con el fallecimiento del propietario, pues si éste embarga sus bienes el sucesor debe responder económica y solidariamente, e incluso puede perder el legado si la deuda supera la herencia. Este prototipo de masaderos ricos lo caracterizan las familias Iñiguez y García de Bronchales (Domingo García mantenía una explotación de 1200 cabezas de ovino en 1516, Antón Iffiguez, otras 1003 en 1420).

Existía otro tipo de masía de mucha menor entidad. Los campesinos edificaban pequeñas construcciones destinadas al uso de vivienda no permanente (con pequeños anexos para los útiles de labranza y estancia del ganado de labor-. Estaban situadas en lugares alejados del término de las aldeas pero próximas a los campos de cultivo por lo que eran imprescindibles durante las tareas del ciclo agrario. Era muy costoso y penoso regresar a distancias situadas entre 8-10 km. para de nuevo iniciar el camino al día siguiente al rayar el alba. Por este motivo se construían ermitas en lugares estratégicos para administrar el culto cristiano a los masoveros más cercanos. Puesto que este colectivo era el único destinatario de los servicios religiosos de estos pequeños templos, pronto se apropiaron de la administración de la fiesta del santo que acogía la advocación de la ermita hasta llegar a convertirla como su propia parroquia.

Esta situación la hemos constatado con la ermita de San Cristobal de Bronchales, ya citada en 1326, situada muy próxima al término de Monterde y de la heredad de Pelpuz.

La división estructural pueblo/masía acentuó en su día las diferencias de los vecinos de Bronchales hasta límites insospechados. El hábitat disperso frente a la comunidad de vecinal, dos sistemas de doblamiento tan diferentes como antagónicos. No sólo les separó la obligada y diferente forma de vida a la que estuvieron sometidos sino que alcanzó los cimientos en que sustentaba la organización de la propia cédula familiar, al lenguaje, la gastronomía, la educación y los conocimientos que tradicionalmente se transmitían por vía oral de padres a hijos.

Pero sobre todo su vida estuvo sometida a situaciones extremas como las de ese trampero, Jeremías Jhonson, cuyas vicisitudes han sido llevadas a la gran pantalla. Nevadas permanentes, el peligro de las alimañas, asistencia médica inexistente basada en sus conocimientos sobre las cualidades curativas de las plantas, días y días sin mediar palabra con otras personas… han sido razones de peso para curtir la personalidad de los masaderos, hombres ambiciosos y altaneros acostumbrados a una constante y dura pelea con la vida, pero hospitalarios, honestos y leales.
Su equilibrada convivencia con la naturaleza los convirtió mucho antes en lo que ahora la administración define como técnicos medioambientales. Esa es la lección didáctica que han transmitido.

Fuente


Juan Manuel Berges Sánchez Centro de Estudios de la Comunidad de Albarracín (CECAL)
El Borrocal, número 0

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