El frailecico de Orihuela

Hace muchos años, pasó por Noguera un fraile de Orihuela del Tremedal camino de Teruel. En aquella época o se iba a pie o en caballería, así que como el fraile no tenía montura hacía el camino andando. Era al hacer de noche cuando el fraile salió de Noguera hacia Tramacastilla. A mitad de camino, el religioso se encontró con unos gitanos.
Los gitanos le dijeron que como era de noche y podía perderse, que se fuera con ellos a pasar la noche a una casa abandonada  que conocían y que estaba cerca.
El fraile se asustó y por no contrariar a los cingaros se fue con ellos. Al llegar a la casa, se pusieron a encender fuego para preparar la cena, mientras que el fraile se sentaba en el suelo. Cada vez que una gitana pasaba por su lado, le tocaba el cogote y le decía:

– Ay frailecico que gordico estás, pronto “cairás”.

El frailecico,  pensó:

– Ay Madre mía, estos gitanos se me quieren comer. ¿Cómo haré para escaparme?

Al rato volvió a pasar otra gitana por su lado, y volviendo a tocarle el pescuezo, le volvió a decir:

– Ay frailecico que gordico estás, pronto “cairás”.

Al fraile, muerto de miedo, se le ocurrió una idea:

– Tengo ganas de cagar, ¿podría salir a la calle?

Y la gitana contestaba:

– Cáguese usted ahí, que ya se barrerá

Y el frailecico:

– No, no que me da mucha vergüenza

Tanto insistió el fraile, que a los gitanos se les ocurrió sacarlo a la calle y atarlo con una soga a la ventana.
El fraile empezó a desatarse y tanto tardaba que la gitana le preguntaba:

– Frailecico, frailecico ¿Has cagado ya?

Y el frailecico respondía:

– Aún voy durico aún.

Por fin el fraile consiguió quitarse la soga y salió corriendo hacia el monte. La gitana volvió a preguntar y al no obtener respuesta se asomó a la ventana y vio que el fraile no estaba. Todos los gitanos se movilizaron, cogieron tedas encendidas y salieron a buscarlo.Y decían:

– Frailecico, frailecico, como te encontremos con aceite rusiente “timos de frir”

El fraile, cada vez más asustado, corriendo y dando trompicones, vio por fin unas casas, siguió corriendo y entro por fin en Tramacastilla, pidiendo socorro.

En Tramacastilla, auxiliaron al fraile, que nunca más volvió a salir de noche.

Autora

Pilar Molada

“Este cuento me lo contaba mi abuela Miguela Polo Polo, cuando yo era pequeña.”

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